1/7/15

DAR LA ESPALDA


A  diario reviso lo que un día pudo darme luz


Lo que pudo matar mis ganas y tiempo


No soy tan grande como para caminar sin miedo


Aún escucho el silencio de lo que un día pudimos ser.




El volcán nos da la espalda


Mi papá nos dio la espalda, sin haberlo conocido


Dar la espalda, es una expresión que casi todo el mundo ha escuchado en alguna parte del mundo, tú sabes que dar la espalda es eso: irte, olvidarte, marcharte, ignorar. Dar por sentado que nada te importa y correr antes de que alguien pueda seguirte.




Mi papá nos dio la espalda a mi mamá y a mí sin haberlo conocido, tenia yo como un día de gestación quizá exagero pero intento decirle a mi padre que su abandono fue tan notable, mi madre hizo un par de llamadas y mi padre le dio la espalda.


Algunos famosos dan la espalda porque ya se hartaron de tanta luz, cámara, flash pero mi padre no me conocía debió darme una oportunidad yo no podía haberlo atormentado tanto  pero no quiso mi padre me dio la espalda. He crecido con cierta indignación con respecto a esa expresión de dar la espalda, me abruma, por ejemplo cuando Raúl me cuenta que ha conocido a una chica y que ya le salió con que esta embarazada, él  lanza una carcajada como intentando callar a esa chica, intentando evitar que   es el responsable de ese embarazo; como que con la risa todo se acabara, quiero golpearlo contra la pared, exigirle que no de la espalda, traer a la chica y que juntos lo golpeemos  pero tan  solo guardo silencio, como siempre, no me queda más que eso. Comparto casa con Raúl pero es tan insolente, siempre sabe todo y nunca se digna en saludar cada que regreso o él llega, parece un ex político con valor y astucia. He aprendido a tolerarlo pero no puedo olvidar la forma tan grotesca de dar la espalda.




Me hizo recordar el día en que María Luisa me dio la espalda, que tormento viví, de ser mi amiga confidente me acuso de egoísta y esquizofrénico que falta de reconocimiento que falta de todo y a pesar de todo María Luisa me dio la espalda, dijo que nadie podía comprenderme estuvo fingiendo amor unos cuatro años pensé que íbamos a casarnos, pero un día decidió marcharse y me dio la espalda. Un conocido mío llamado Artemio también le dio la espalda a su novia después de ocho años de noviazgo y planes de boda, no hubo ningún niño herido tan solo su novia quien aun lo espera. Que tristeza cuando alguien te da la espalda, y de pronto  muchos optan por comer con tanta desesperación como que si nadie los viera, el chocolate también puede elevar tus niveles de glucosa y hacerte sentir relajado y quieto intentando olvidar, pero eso es en vano, mi amiga Yesica por ejemplo finge estar recuperándose después de que un individuo que según ella no sirve para nada, la abandono, escribe,  se amarra el cabello;  come chocolate le escribe a su mejor amigo que no seria nada sin el, esperando que el tipo sienta siquiera rabia, pero nada, todos se van ella regresa a su cuarto y no puede superar que le hallan dado la espalda.




Quizás lo que más me dolió fue cuando mi hermana me dio la espalda, (intento olvidar lo que me hizo María Luisa) tu puedes  esperar lo peor de todos, menos de tus hermanos  es tan natural vivieron juntos comieron juntos  durmieron juntos incluso, usaron de pronto la misma ropa heredada gracias a la economía familiar, visitaron los mismos parques y fueron todos los domingos a saludar a los abuelos, es muy extraño e incluso si tus hermanos fueron menores los cuidaste como tus propios hijos y los defendiste de todo, siempre fingiste que no los amabas pero en realidad siempre los quisiste, por eso no puedes, te cuesta aceptar que tu hermana te de la espalda y en plena plaza donde uno fácilmente se encuentra con la nostalgia. Es una de las cosas que mas lagrimas me ha hecho brotar pero no soy tan débil como para vivir del recuerdo, ya voy venciendo a María Luisa por ejemplo.




Todo ha ido empeorando Raúl esta saliendo con otra chica una sueca parece,  es tan tedioso verla entrar y salir del apartamento, que no sé porque sigo viviendo con Raúl dejamos la casa y nos mudamos al apartamento, quizá porque no le quiero dar la espalda con el alquiler en fin, probablemente el le de la espalda pronto a la chica porque se ha estado interesando en una mujer mayor que lo atrapa con una sonrisa, de allí que la chica sueca no salga de aquí ella intenta preguntarme por Raúl y yo tan solo la ignoro le abro la puerta entra, saluda, llora le ofrezco café no le gusta, me voy a mi cuarto la olvido, llora, grita, rompe algunos libros y salgo a  caminar.  Ella se ha marchado el show termina y Raúl sigue enamorado de la señora con cincuenta.  Por la diferencia de edad no me extraña que Raúl le de la espalda a la señora dentro de poco cuando el tenga cuarenta quizá y ella setenta y cinco.




Raúl es un buen tipo pero no puedo seguir viviendo con alguien tan astuto para destruir a gentes que aunque no conozco del todo,  me dan nostalgia. La chica sueca regreso a su país la señora se fue a vivir con él, pude marcharme  en paz y tranquilamente no le di la espalda con el alquiler.




Es cierto aún recuerdo a María Luisa, mi padre siempre me odio por eso, el decía que los hombres de verdad deberían enamorarse a cada rato que por ser tan apuesto e inteligente podría tener unas veinte mujeres a mis pies, nunca compartí muchas ideas con mi padre y en realidad esa era una de las que mas me indignaba. Llore toda la noche en la que mi padre me dijo eso y recordé a María Luisa. Mi concepto de enamoramiento y amor estaba tan idealizado que para mí:  amar a una sola mujer era lo que contaba no podía enamorarme tan fácilmente y aunque con lagrimas en los ojos le grite a mi padre que ya lo había intentado nadie pudo aguantar mi dolor, nostalgia y amor por María Luisa, mi padre no lo soporto negó ser mi padre, negó que fuera su hijo; le irritaba verme tan triste, quizá porque me amaba o quizá por que le avergonzaba lo que si es cierto es que mi padre desde la infancia me había dado la espalda, sí cuando empezó a beber alcohol con una gran actitud suicida desde ese momento solo tengo recuerdos borrosos de mi padre, nunca lo he visto sobrio ni el día en que me grito que no era su hijo, sus palabras para mi ya no pesaban, aunque en cierto sentido tenían la razón. Pero mi padre me dio la espalda el día aquel que más lo necesitaba, porque murió.




Desde ese entonces mi gesto fue otro, siempre salía a caminar de  la mano de mi tristeza, todos los martes por ejemplo abrazaba un ramo de claveles rojos y caminaba por el parque y me marchaba intentando llegar a cierto lugar pero en realidad solo era un ejercicio psicológico para intentar borrar el triste fallecimiento de mi padre.  




Ahora era yo quien quería darle la espalda a todo mundo, mi actitud suicida me recordaba tanto a mi padre y entonces una joven como de un metro sesenta se acerco a preguntarme qué cuanto costaban los claveles rojos, me había matado estudiando más de 15 años y no podía verme vendiendo claveles rojos, le respondí así como lo escribí y ella se desmorono en silencio, vi su cara tan triste como la mía cuando mi padre, mi hermana y  María Luisa me habían dado la espalda, quise enmendar lo ocurrido pero ya era demasiado tarde. El padre de ella vendía claveles rojos en esa misma plaza los martes hasta que murió. Ella era Antropóloga y no entendía mi insolencia y desfachatez ahora era yo quien le había dado la espalda a la sencillez de la vida y el orgullo me había representado en primer plano. ¿Cómo intentar decir que tu corazón vive, cuando parece que abofeteas cada que hablas?


Ya no la volví a ver hasta que ocho meses después volví de la mano de un clavel rojo y la encontré llorando en aquella misma plaza, sin preguntarle nada la abrace con uno de esos abrazos que regalan el corazón y el hombro, llore, lloramos nos hicimos nada, me enamore.




Desde ese día, juntos nos agarramos de la mano fingiendo que cada día es el último segundo de nuestras vidas y le damos con mucho orgullo y soberbia la espalda a la tristeza.

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