A diario reviso lo que un día pudo darme luz
Lo que pudo
matar mis ganas y tiempo
No soy tan
grande como para caminar sin miedo
Aún escucho el
silencio de lo que un día pudimos ser.
El volcán nos
da la espalda
Mi papá nos dio
la espalda, sin haberlo conocido
Dar la espalda,
es una expresión que casi todo el mundo ha escuchado en alguna parte del mundo,
tú sabes que dar la espalda es eso: irte, olvidarte, marcharte, ignorar. Dar
por sentado que nada te importa y correr antes de que alguien pueda seguirte.
Mi papá nos dio
la espalda a mi mamá y a mí sin haberlo conocido, tenia yo como un día de
gestación quizá exagero pero intento decirle a mi padre que su abandono fue tan
notable, mi madre hizo un par de llamadas y mi padre le dio la espalda.
Algunos famosos
dan la espalda porque ya se hartaron de tanta luz, cámara, flash pero mi padre
no me conocía debió darme una oportunidad yo no podía haberlo atormentado
tanto pero no quiso mi padre me dio la
espalda. He crecido con cierta indignación con respecto a esa expresión de dar
la espalda, me abruma, por ejemplo cuando Raúl me cuenta que ha conocido a una
chica y que ya le salió con que esta embarazada, él lanza una carcajada como intentando callar a
esa chica, intentando evitar que sí es el responsable de ese embarazo; como que
con la risa todo se acabara, quiero golpearlo contra la pared, exigirle que no
de la espalda, traer a la chica y que juntos lo golpeemos pero tan solo guardo silencio, como siempre, no me
queda más que eso. Comparto casa con Raúl pero es tan insolente, siempre sabe
todo y nunca se digna en saludar cada que regreso o él llega, parece un ex
político con valor y astucia. He aprendido a tolerarlo pero no puedo olvidar la
forma tan grotesca de dar la espalda.
Me hizo
recordar el día en que María Luisa me dio la espalda, que tormento viví, de ser
mi amiga confidente me acuso de egoísta y esquizofrénico que falta de
reconocimiento que falta de todo y a pesar de todo María Luisa me dio la
espalda, dijo que nadie podía comprenderme estuvo fingiendo amor unos cuatro
años pensé que íbamos a casarnos, pero un día decidió marcharse y me dio la
espalda. Un conocido mío llamado Artemio también le dio la espalda a su novia
después de ocho años de noviazgo y planes de boda, no hubo ningún niño herido
tan solo su novia quien aun lo espera. Que tristeza cuando alguien te da la
espalda, y de pronto muchos optan por
comer con tanta desesperación como que si nadie los viera, el chocolate también
puede elevar tus niveles de glucosa y hacerte sentir relajado y quieto
intentando olvidar, pero eso es en vano, mi amiga Yesica por ejemplo finge estar
recuperándose después de que un individuo que según ella no sirve para nada, la
abandono, escribe, se amarra el cabello;
come chocolate le escribe a su mejor
amigo que no seria nada sin el, esperando que el tipo sienta siquiera rabia,
pero nada, todos se van ella regresa a su cuarto y no puede superar que le
hallan dado la espalda.
Quizás lo que
más me dolió fue cuando mi hermana me dio la espalda, (intento olvidar lo que
me hizo María Luisa) tu puedes esperar
lo peor de todos, menos de tus hermanos es tan natural vivieron juntos comieron juntos
durmieron juntos incluso, usaron de
pronto la misma ropa heredada gracias a la economía familiar, visitaron los
mismos parques y fueron todos los domingos a saludar a los abuelos, es muy
extraño e incluso si tus hermanos fueron menores los cuidaste como tus propios
hijos y los defendiste de todo, siempre fingiste que no los amabas pero en
realidad siempre los quisiste, por eso no puedes, te cuesta aceptar que tu
hermana te de la espalda y en plena plaza donde uno fácilmente se encuentra con
la nostalgia. Es una de las cosas que mas lagrimas me ha hecho brotar pero no
soy tan débil como para vivir del recuerdo, ya voy venciendo a María Luisa por
ejemplo.
Todo ha ido
empeorando Raúl esta saliendo con otra chica una sueca parece, es tan tedioso verla entrar y salir del apartamento,
que no sé porque sigo viviendo con Raúl dejamos la casa y nos mudamos al apartamento,
quizá porque no le quiero dar la espalda con el alquiler en fin, probablemente
el le de la espalda pronto a la chica porque se ha estado interesando en una
mujer mayor que lo atrapa con una sonrisa, de allí que la chica sueca no salga
de aquí ella intenta preguntarme por Raúl y yo tan solo la ignoro le abro la
puerta entra, saluda, llora le ofrezco café no le gusta, me voy a mi cuarto la
olvido, llora, grita, rompe algunos libros y salgo a caminar.
Ella se ha marchado el show termina y Raúl sigue enamorado de la señora
con cincuenta. Por la diferencia de edad
no me extraña que Raúl le de la espalda a la señora dentro de poco cuando el
tenga cuarenta quizá y ella setenta y cinco.
Raúl es un buen
tipo pero no puedo seguir viviendo con alguien tan astuto para destruir a
gentes que aunque no conozco del todo,
me dan nostalgia. La chica sueca regreso a su país la señora se fue a
vivir con él, pude marcharme en paz y tranquilamente
no le di la espalda con el alquiler.
Es cierto aún
recuerdo a María Luisa, mi padre siempre me odio por eso, el decía que los
hombres de verdad deberían enamorarse a cada rato que por ser tan apuesto e
inteligente podría tener unas veinte mujeres a mis pies, nunca compartí muchas
ideas con mi padre y en realidad esa era una de las que mas me indignaba. Llore
toda la noche en la que mi padre me dijo eso y recordé a María Luisa. Mi
concepto de enamoramiento y amor estaba tan idealizado que para mí: amar a una sola mujer era lo que contaba no
podía enamorarme tan fácilmente y aunque con lagrimas en los ojos le grite a mi
padre que ya lo había intentado nadie pudo aguantar mi dolor, nostalgia y amor
por María Luisa, mi padre no lo soporto negó ser mi padre, negó que fuera su
hijo; le irritaba verme tan triste, quizá porque me amaba o quizá por que le
avergonzaba lo que si es cierto es que mi padre desde la infancia me había dado
la espalda, sí cuando empezó a beber alcohol con una gran actitud suicida desde
ese momento solo tengo recuerdos borrosos de mi padre, nunca lo he visto sobrio
ni el día en que me grito que no era su hijo, sus palabras para mi ya no
pesaban, aunque en cierto sentido tenían la razón. Pero mi padre me dio la
espalda el día aquel que más lo necesitaba, porque murió.
Desde ese
entonces mi gesto fue otro, siempre salía a caminar de la mano de mi tristeza, todos los martes por
ejemplo abrazaba un ramo de claveles rojos y caminaba por el parque y me
marchaba intentando llegar a cierto lugar pero en realidad solo era un
ejercicio psicológico para intentar borrar el triste fallecimiento de mi padre.
Ahora era yo
quien quería darle la espalda a todo mundo, mi actitud suicida me recordaba
tanto a mi padre y entonces una joven como de un metro sesenta se acerco a
preguntarme qué cuanto costaban los claveles rojos, me había matado estudiando más
de 15 años y no podía verme vendiendo claveles rojos, le respondí así como lo
escribí y ella se desmorono en silencio, vi su cara tan triste como la mía
cuando mi padre, mi hermana y María
Luisa me habían dado la espalda, quise enmendar lo ocurrido pero ya era
demasiado tarde. El padre de ella vendía claveles rojos en esa misma plaza los
martes hasta que murió. Ella era Antropóloga y no entendía mi insolencia y
desfachatez ahora era yo quien le había dado la espalda a la sencillez de la
vida y el orgullo me había representado en primer plano. ¿Cómo intentar decir
que tu corazón vive, cuando parece que abofeteas cada que hablas?
Ya no la volví
a ver hasta que ocho meses después volví de la mano de un clavel rojo y la encontré
llorando en aquella misma plaza, sin preguntarle nada la abrace con uno de esos
abrazos que regalan el corazón y el hombro, llore, lloramos nos hicimos nada,
me enamore.
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