Lo conocí cuando tenía unos 30 años yo tenía 22 varias veces tan solo lo ví a los ojos, tuve cierto espasmo algo me trataba de llevar hacia él pero en verdad tenía frio.
Mis días a veces han sido horas tras horas solo eso, días de horas y minutos, desde hace unos años esos minutos han sido lineas de libros que me he propuesto terminar sin piedad pero mis ojos solo lo veían a él yo estaba un tanto abrumada. Porque si él venía no sabría que hacer, ese miedo a lo desconocido siempre ha sido parte de la forma en la que comprendo la vida, miedo a los buhos, al amor, al silencio miedo a la palabra miedo todo parece tan ordenado que en ocasiones me aterra.
Cierto día la inercia hacia los libros me indujo al poema y descanso, me quede fria sin mover los ojos mucho menos las pestañas; sus manos bailaban sobre los libros unía una a una cada página en ocasiones volví a sentir miedo pero esta vez fue diferente, tomé del silencio el valor que nunca había tenido y lo ví a los ojos, no me observo por mucho tiempo, su presición y cálculo no le permitía verme y perder una página sin pegar. Tuve frio, fue extraño estaba a la orilla del lago y cuando uno va al lago, nunca tiene frio, fue extraño y hermoso. Sus ojos color lago se habían posado sobre los mios quiza unos treinta y cinco segundos eso era abundante cuando ya llevaba unos ocho meses intentando llegar siquiera por donde él se encontraba, fui constante no perdi la ilusión que sus ojos lago me daban. Desde ese día reconoci al lago como un amigo y al sentir su brisa me sentia viva, uno a uno los poemas se desprendian de mi pecho como si fuesen palabras que necesitaban salir de alguna parte para ya no pesarme tanto y por fin toque el suelo y olvide.
Mis tardes fueron de letras unas tras otras como brotando del lago como espuma blanca que se mezcla entre la tierra yo me volví callada, uno aprende a callar cuando ya ha dicho mucho en los libros cuando ha depositado en letras todo lo que en el pecho le pesa, pero esta vez seria diferente. Él me indujo a la palabra como intentando ser un pez quien me hablaba, nunca quise hablar con los peces -le dije- cuando cierto día una voz me hablo desde el lago pidiendo mi nombre.
Estuve a punto de cambiar la orilla del lago pensando que los niños a quien dictaba clases de literatura querian jugarme una broma, hasta que una fuerza como forma de mano me jalo hacia el lago, tuve miedo, senti miedo, llore pensando que me ahogaria y jamas podria publicar mis letras hechas en cuento que ahora se quedaban solas a la orilla del lago.
Esa mano me condujo a la misma orilla tan solo que ahora muy mojada y humeda tenía ciertas escamas en mis dedos pero no me aterraba lo primero que conocí del lago habia sido ese tronco con escamas verdes debido a las algas marinas, me sacudi los ojos y finji que no eran lagrimas sino agua verde, me vio a los ojos, senti el mismo frio de unos cinco años atras, era él tuve miedo; cerre los ojos como despreciandolo me sujeto de la cintura por ese temblor que mi cuerpo había incorporado, senti caerme, observo el lago, toco el suelo me vio nuevamente a los ojos y sentencio con una voz tan firme como los volcanes; un perdoname. No podía entenderlo
Le explique que ya antes lo conocía me interrumpio, senti que el lago me tragaba, no pude decirle nada.
-Me conociste pero no podrías reconocerme, tuve miedo cuando me viste a los ojos, tus ojos son como la tierra -me dijo- son como el suelo, y sus ojos se amarraban a los mios, el lago no puede vivir sin el suelo -sostuvo-
Fue lo más conmovedor que he escuchado intente llorar pero me distraje con el polvo que el aire levantaba del suelo con cierta rebeldía. Pero él continúo.
-Siempre he sido de los que callan ante lo que en verdad les importa, cuando mi madre me dijo que se marcharía a vivir a los Andes, calle. Me importaba tanto acompañarla porque amo como nadie las montañas, y desde luego a mi madre pero calle. Estoy aquí porque el lago no puede vivir sin el suelo y me vio sonriendo. Tuve miedo, pero esta vez mis ojos no pudieron negar los suyos y fuimos claramente como el lago y el suelo uno para el otro uno y el otro, asi como el lago no es nada sin el suelo.
Tus ojos son como el suelo me dijo y el lago no puede vivir sin el suelo.
Lo reconocí cuando tenía treinta y cinco yo apenas tenía veinti siete pero mi corazón vibraba tanto como si hubiese vivido al mismo tiempo que el lago, como a su lado, pero comprendí que yo era el suelo y él era mi lago, con el tiempo él se marcho porque sigue sin saber reaccionar ante las cosas que le importan. Por ello me busco unos cinco años déspues de conocerlo y fue hermoso.
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