Los pies de mi abuelo siempre trataron con amor la tierra, siempre fueron buenos con ella, talvez ella llore cuando el no este, un día mi abuelo me dijo que se iría, a dónde le pregunte... a descansar me dijo, ah bueno respondí- yo creía que el hablaba del sueño del descanso de la faena del corte de algodón, todavia cortamos algodón con esperanza y nos duelen los dedos, las manos, el corazón y el recuerdo se nos parte en minúsculos pedazos que nos llegan hasta los pies y seguimos con fuerza, cada día con su hambre e inquietud. Con su pena, porque a veces no alcanzan los quetzales y nos quedamos con hambre, yo pensaba que el hablaba de eso pero el hablaba de morir. Y me explicaba que la fuerza era como un humo que se mete en el mundo pero llega un día y se a acaba silenciosamente, yo queria llorar pero los ojos se me quedaron quietos y sin fuerza no los pude cerrar, mi abuelo efectivamente se apago y desde ese momento ya no pude cerrar los ojos...
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