Mi corazón te siente, cada
vez es más fuerte la voz, y la penumbra de la tarde es un vocablo lleno de
significados, una niña escupe y ve a los ojos a un adulto, este se avergüenza después
de eso creo poco en las personas.
Mi corazón ya no es mío.
Un joven de unos catorce
años se sostiene fuerte de un bus pequeño en una carretera con curvas, sus
manos tan fuertes, traen encima todos los discursos de su madre que sola lo
saco adelante, lo llevo a los catorce años, el ahora estudia piensa en su
mochila no la puede sostener porque sus manos se encargan de amarrar su cuerpo
al autobús y su cabeza a veces se inclina con cierta vergüenza, no le pone
mucha atención a las curvas intenta ver al cielo y descubre un canasto enorme
de paja lleno de panes, tanto pan y mucha hambre, ese pan comparte las mismas circunstancias
que el joven de catorce años ambos no entraron en el bus porque no cabían,
ambos necesitan llegar a casa y dar la cara, ambos regresan todos los días con
algo de esperanza, que alguien los vea y diga algo, "me da 20 quetzales
por favor" y el pan deje de ocupar el mismo espacio, el joven ahora piensa
en que alguien lo tiene que ver y
meterlo dentro del bus, dentro del grupo del instituto que alguien tiene que
hablarle por su nombre, no por su pobreza, ni por sus zapatos tristes, nadie
debe ver su desgaste por fuera sino su fuerza por dentro, con las manos de
Pablo, lo llamaremos Pablo se construirá un sitio diferente, aguantan tanto,
más que el pan, más que el chofer de quien desconocemos su nombre por miedo a
ser extorsionado, más que la secretaria con esos enormes tacones, tontos
tacones, que le desvían la columna, Pablo aguanta tanto cada día, en las mismas
cuestas con las mismas curvas y las carreteras más tristes del mundo.

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