No pudo haber sido otro día, tendría que ser domingo todos los días de mi vida pienso en eso, un día Fausto mi amigo, (crecimos juntos, recibimos el mundo juntos nunca nos separamos él me dijo, que lo hiciera y me alcanzo dos botellas de aguardiente) -tomatelo de un solo me dijo- y casi lo consigo pero esa tos tan insoportable que no se quita, antes era un cigarrito desde que empece por la caja completa todo se hizo distinto, pero no deje de intentarlo estando solo en mi casa, agarre valor y las botellas una a una se fueron acabando desde siempre esa historia se repite cada noche, Fausto un día me felicito por hacerlo y después ya no lo vi, cada día intento nadar sobre mis pensamientos pero no lo consigo, tan solo un día que probe opio y al volar estando en la tierra, vi como mis pensamientos se evadían uno por uno, el opio es caro, es un vil engaño.
Porque cada lucha termina en algún momento, qué día de la semana terminará mi lucha -pregunto- qué día lograré silenciar las voces de mis hermanos, que tanto me insisten su pasado, yo las escucho y las pronuncio en simbolo de protesta, mi padre perdió su voz ese domingo por la tarde cuando fuimos al campamento militar a reconocer los cuerpos, yo empece a llorar como una niña y eso libero mis huesos, mi padre desde ese día tan solo adquirio un lenguaje burdo de solemnes balbuceos, que no se acaban nunca desde la historia de siempre hasta lo que hoy soy, sin tanta intención de nada.
Sigo recogiendo cada día en las mismas calles los tibios poemas que hablan de esperanza, pero todo sigue igual y solo las letras que desfilan en las paredes me dicen escrituras que intento comprender, luego desisto tan solo por asombro, y callo sin pronunciar más palabra.
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