1/2/20

Sabíamos viajar en el tiempo, pero lo hemos olvidado.

Antes de que del volcán Santa Maria naciera el llamado Santiaguito aquí no salía el maíz, eran intentos tras intentos fallidos pero hubo un día en el que mi abuelo regresando de la costa lo descubrió por completo, lloveria gris del cielo y se bañaria la tierra. Antes mi abuelo viajaba largos kilómetros a pie un paso tras otro un pensamiento tras otro qué tanto pudo pensar en aquellos largos y angostos caminitos llenos de piedras no iba solo mi abuelo. Cada veinte días hacia el viaje y sus pies conocían el camino desde el cerro más alto hasta llegar a la costa donde el mar besa los pies de los migrantes. Cuando mi abuelo regresaba se hacia una enorme algarabia en el pueblo, ese día fue especial mi abuelo llego cargando semillas de maíz por eso ahora la semilla del maiz en la costa ya esta cambiada porque antes era como la nuestra, todos los ancianos del pueblo lo vieron llegar con su costal agarrado al mecapal y sus ojos verdes perdidos entre las ramas su piel morena abrazo la tierra cuando se sento y empezo a repartir las semillas de un pequeño costal que alimentaria a más de doscientas familias, azadon sobre los brazos y puso la semilla para ese tiempo hace días que habia llovido gris, ese mismo gris de la ceniza que suelta el fuego. Del fuego nació el maiz, de mi abuelo nacio la esperanza para el pueblo. Ahora algunos lo mientan, quienes lo conocieron siendo niños me ven a los ojos y me dicen, "qué gran persona su abuelo" el fue el primero en sembrar esta tierra, refiriéndose a la epoca de hambre tan dura donde el maiz ya no se daba. Con el Santiaguito también nacio el Cerro Quemado porque hasta ahí se les permitió llegar a los que antes querian trascender ahí se quedaron por eso cada vez que mi abuelo veía al volcán Tajumulco que se ve detrás de la casa se quitaba el sombrero y pronunciaba alguna palabra en voz baja. Él nunca hablo de tiempo por eso yo creí que así seria la vida cuando creciera pero mi abuelo se referia a la sublime capacidad de ir y de ir montaña tras montaña llegar al mar y regresar sin llorar sus piernas. Su sabiduría se hizo árbol, se hizo fuego y una estrella que baila siempre debajo de la luna pareciera que tuviera que decirme otras palabras, de seguro del mismo abuelo.

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