Tal vez deba hallarle un nombre a este dolor que tanto me agobia, quiza deba asignarle una sombra y en el transcurso tejerle un vestido a la sombra que fue dolor ahora es sombra con vestido.
Encararla. Decirle una y otra vez que me explique de dónde ha venido, quién la envia, sentarme junto a ella o el y contemplar un amanecer, de pronto en tanta armonía piense en olvidarse que fue dolor y ahora ejercer su papel de sombra y vestido. Tal vez deba mover un poco el cuerpo, buscar alguna entrada de luz o abrazar aquel inmenso y bello color del amanecer; me lo entrego el volcàn. Aquí nosotros y la esperanza, y deba por completo ignorar al dolor que vesti de sombra con vestido, y ocurra que de tanto aire, de tanto tiempo se le dañe el vestido se ensucie su sombra y sea el o ella quien decida marcharse y por voluntad propia.
Y de nuevo cuando vea el horizonte alguna especie de ser dolor, no lo siga con la mirada sino en automatico voltee la cara, de pronto como aquellas postales que hace tiempo leimos se vaya borrando poco a poco.
Y no nos veamos en la molestia, de hacerlo sombra y tejerle un vestido.
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