17/9/20

Kej

ft. Anónima

 
 

KEJ

Busque en esta pesadez debajo de mi espalda y encuentro que este pensamiento es permisible al futuro, no voy a nombrarlo miedo tampoco porque su aura es distinta pero no siento pertenecer ni deseo pertenecer, porqué el asombro, madre o padre si estamos hechos de luz interestelar si estamos hechos de un anhelo inexistente e inequívoco de un futuro zoomorfo de una calle repleta tan solo de hiel y piedras, entre luces asfálticas de un pasado que nada se parece a este futuro, de nuevo vendrá alguien a imaginar que todo esto es luz y lo es porque la siento, pero desde luego tanta sombra de seguro la empañas tu madre arrastrando los pies desde tu habitación hasta la cocina mi padre ebrio de una tristeza antigua de guerra, armas y sangre la balacera de la que sobrevivió aun le carcome la cara y lo he visto despertarse asustado gritando y llorando.  

Recuerdo con tanta solemnidad la vez que me relataron la historia de Kike Méndez un señor cincuentón que vivía por la zona 11 capitalina desde que había salido del ejército en el noventa y nueve ese hombre no volvió a dormir, a saber si algún día había dormido pero lo que si es cierto es que no volvió a dormir, el cierra los ojos me conto su esposa como que duerme pero en verdad no está durmiendo es un sueño en vida a tientas, que se oscurece en sus pupilas y el temor invade porque nunca fue tan sencillo vivir así de nuevo, imagino recreo en mi mente algún tipo de conversación porque él no habla, no emite sonido sencillamente esta callado debajo del insoportable calor de la ciudad capital que tan abruptamente despierta a las cuatro de la mañana como si no existiera noche.

Y entonces siento ese calor tan seco y húmedo tan insoportable y me provoca nausea, la lluvia sobre el techo de lámina calma el hastió pero de nuevo me busco en el rostro un pensamiento que limite mi pensamiento a pequeñas sensaciones ajenas pero de repente propias, y pienso en silencio como hurgando dentro de la noche, esa paz que recibe Kike Mendez en su aura en el insoportable calor de Ciudad Capital y relato la noche como algún día lo hiciera mi abuelo cuando estuve llorando, venga decía y contaba historias vaya  a saberlo algunas personales y otras tantas escuchadas a voz,  e intento abrazar esa nostalgia, ese pensamiento que ahora tanta falta hace, que disuelva este ahora, esta intranquilidad de no querer estar, cuando en aquel momento uno de los mensajeros de la muerte intento encaminarme, me agarre fuerte como quien se amarra a un roble y no me pudo llevar, de nuevo busco esa forma de permanecer de querer estar, aunque el cuerpo se eleve en este mar en este no querer estar.

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