KEJ
Busque en esta pesadez debajo
de mi espalda y encuentro que este pensamiento es permisible al futuro, no voy
a nombrarlo miedo tampoco porque su aura es distinta pero no siento pertenecer
ni deseo pertenecer, porqué el asombro, madre o padre si estamos hechos de luz interestelar
si estamos hechos de un anhelo inexistente e inequívoco de un futuro zoomorfo
de una calle repleta tan solo de hiel y piedras, entre luces asfálticas de un
pasado que nada se parece a este futuro, de nuevo vendrá alguien a imaginar que
todo esto es luz y lo es porque la siento, pero desde luego tanta sombra de
seguro la empañas tu madre arrastrando los pies desde tu habitación hasta la
cocina mi padre ebrio de una tristeza antigua de guerra, armas y sangre la
balacera de la que sobrevivió aun le carcome la cara y lo he visto despertarse
asustado gritando y llorando.
Recuerdo con tanta solemnidad
la vez que me relataron la historia de Kike Méndez un señor cincuentón que vivía
por la zona 11 capitalina desde que había salido del ejército en el noventa y
nueve ese hombre no volvió a dormir, a saber si algún día había dormido pero lo
que si es cierto es que no volvió a dormir, el cierra los ojos me conto su
esposa como que duerme pero en verdad no está durmiendo es un sueño en vida a
tientas, que se oscurece en sus pupilas y el temor invade porque nunca fue tan
sencillo vivir así de nuevo, imagino recreo en mi mente algún tipo de conversación
porque él no habla, no emite sonido sencillamente esta callado debajo del
insoportable calor de la ciudad capital que tan abruptamente despierta a las cuatro
de la mañana como si no existiera noche.
Y entonces siento ese calor
tan seco y húmedo tan insoportable y me provoca nausea, la lluvia sobre el
techo de lámina calma el hastió pero de nuevo me busco en el rostro un
pensamiento que limite mi pensamiento a pequeñas sensaciones ajenas pero de
repente propias, y pienso en silencio como hurgando dentro de la noche, esa paz
que recibe Kike Mendez en su aura en el insoportable calor de Ciudad Capital y
relato la noche como algún día lo hiciera mi abuelo cuando estuve llorando,
venga decía y contaba historias vaya a
saberlo algunas personales y otras tantas escuchadas a voz, e intento abrazar esa nostalgia, ese
pensamiento que ahora tanta falta hace, que disuelva este ahora, esta intranquilidad
de no querer estar, cuando en aquel momento uno de los mensajeros de la muerte
intento encaminarme, me agarre fuerte como quien se amarra a un roble y no me
pudo llevar, de nuevo busco esa forma de permanecer de querer estar, aunque el
cuerpo se eleve en este mar en este no querer estar.

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